En mi ser tengo paz, una célica paz Que el mundo no puede quitar; En la prueba fatal o en la lucha mortal Tengo paz inefable y sin par.
Cristo habita en mi ser
En mi ser habita, Cristo el Señor En mi ser habita, ¡Oh que amor! Él no me desampara, Pues promete fiel Que estará conmigo Mi Salvador.
Cuando vine a Jesús, encontré plena luz, Su paz a mi alma inundó; La tristeza acabó y la noche pasó Porque Cristo Jesús me salvó.
Esta paz sin igual que me libra del mal, Sublime, sin par, eternal; No la quiero dejar, Pues me ha de llevar A mi eterna mansión celestial.