Padre, tu palabra es Mi delicia y mi solaz; Guíe siempre aquí mis pies Y a mi pecho traiga paz.
Las santas escrituras
Es tu ley, Señor, Faro celestial; Que, en perenne resplandor, Norte y guía da al mortal.
Sí, obediente oí tu voz; En tu gracia fuerza hallé, Y con firme pies y veloz, Por tus sendas caminé.
Tu verdad es mi sostén, Contra duda y tentación, Y destila calma y bien Cuando asalta la aflicción.
Son tus dichos para mí Prendas fieles de salud; Dame, pues, que te oiga a ti Con filial solicitud.