Consagración

Consagrarse al Señor es apartar la vida del mundo y dedicarla por entero a su servicio. La santidad bíblica implica estar limpio de toda inmundicia, separado del pecado y entregado a Dios en cuerpo, alma y espíritu.

El creyente consagrado se presenta como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Esa entrega transforma la conducta diaria, fortalece el culto familiar, sostiene la obra de la iglesia y prepara al siervo para ser instrumento útil en las manos del Señor.

Romanos 12:1

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Nota: Esta es una interpretación del significado del lema

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