Disponibilidad
Servir al Señor es el mayor privilegio que uno puede tener en la vida y hasta lo más sencillo que hagamos para su obra tiene especial aprecio para Dios, pero no se puede servir con el orgullo ni tampoco confiando en nuestras fuerzas y habilidades, sino humillando nuestro ser, reconociendo que sin Él nada somos, que todo lo que llegamos a alcanzar y hacer viene por causa de Dios.
Es allí, en la humillación donde nace la disposición y las promesas de servir a un Dios del cual no merecemos su gracia, pero por amor nos da sus bendiciones y del cual agradecidos levantamos la mano en señal de disposición para servirle y hacer su voluntad hasta el final.
Isaías 6:8
Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: —Heme aquí, envíame a mí.
Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: —Heme aquí, envíame a mí.