Fructificación
Ser miembro de la iglesia exige manifestar los frutos de un verdadero arrepentimiento y de una vida consagrada al Señor. La fructificación espiritual no es obra del esfuerzo humano aislado, sino el resultado de permanecer unido a Cristo, la vid verdadera.
El creyente que permanece en el Señor lleva mucho fruto: almas ganadas, vidas transformadas y un testimonio que glorifica a Dios. Separados de Cristo nada podemos hacer; pero en unión con Él, la iglesia crece en número y en madurez espiritual, cumpliendo el propósito para el cual fue llamada.
Juan 15:5
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Nota: Esta es una interpretación del significado del lema
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