Durante el XII Congreso en Panamá, el Rev. Nzé Obama compartió el avance de la construcción del Centro de Convenciones en la «Antioquía de África».
La cuarta jornada del XII Congreso Centroamericano y del Caribe, celebrada en Panamá, quedó marcada como un altar de adoración en el que las fronteras geográficas cedieron ante la presencia del Espíritu Santo. El servicio comenzó con un bloque de exaltación a Dios dirigido por el Rev. Andrés Espejo; en el Panama Convention Center se vivió una atmósfera de intensa comunión. La delegación de Estados Unidos encabezó un tiempo de cánticos que preparó el ánimo de la congregación para recibir las buenas nuevas de victoria que Dios concede a su Iglesia.
El servicio puso el foco en el impacto misionero en el continente africano, con especial énfasis en el papel de Guinea Ecuatorial. En su informe, el Rev. Nzé Obama destacó que esta nación se ha consolidado como la «Antioquía de África», con presencia de la obra en casi todas sus provincias y expansión hacia Uganda, Costa de Marfil, Camerún, Gabón, Mozambique, Malawi, ambos Congos y Ghana. Frente a barreras legales y a un entorno social con normas estrictas para actos públicos, el avance continúa. Un eje clave de esa consolidación es el Centro de Convenciones de Guinea Ecuatorial: una gran obra que avanza en su cuarta fase tras diez años de esfuerzo. Indispensable para celebrar eventos masivos al amparo de la ley, el proyecto ha sido impulsado por los pastores locales y por el respaldo inicial de la Junta Internacional y la obra en Puerto Rico.
No obstante, la conclusión de este bastión de la fe enfrenta retos económicos muy severos, condicionados por la geografía y la logística del continente. En la zona, el precio de los materiales es altísimo —hasta 16 dólares por saco de cemento—, lo que encarece de forma notable el vaciado de losas y los acabados estructurales. La columna del servicio lanzó un llamado urgente a la solidaridad de la familia de la fe, recordando que el avance en África no es solo un logro regional, sino una responsabilidad de toda la organización. Hacen falta respaldo espiritual y financiero para que los misioneros dispongan de una sede propia que impulse el gran avivamiento que ya sacude África, para gloria de Dios.