Tercer servicio: La familia de la fe, una identidad que va más allá de la sangre y las fronteras

En una velada de intensa ministración, el Rev. Rubén Concepción exhortó a la Iglesia a vivir conforme al diseño del amor, el servicio y la restauración espiritual.

Durante el tercer servicio del XII Congreso Centroamericano y del Caribe, celebrado en Panamá, la exposición de la Palabra de Dios marcó el instante de mayor impacto espiritual. Después de un ambiente de adoración, el Rev. Rubén Concepción, Secretario Internacional de la obra, presentó un mensaje que delineó la esencia de nuestra identidad como pueblo de Dios: pertenecer a una familia regida no por leyes humanas, sino por la gracia divina. Al iniciar su predicación, el Rev. Concepción puso en contraste el caos del mundo con la paz del Evangelio, expresando que el ruido de la sociedad agobia, pero la voz de un amigo llamado Jesucristo es quien trae armonía al alma. Con base en Gálatas 6:10, subrayó que la Iglesia no es una estructura fría ni una inteligencia artificial, sino una comunidad de redimidos que ha dejado la orfandad espiritual para sentarse a la mesa del Rey.

El eje del mensaje giró en torno al privilegio de la adopción espiritual, recordando a los congregados que, si bien todos tenemos un origen terrenal, en Cristo hemos recibido un espíritu de adopción que nos confiere plenos derechos como herederos del Reino. «En Cristo, la fe nos une más que la sangre», afirmó con firmeza, indicando que en la familia de la fe no hay extraños ni forasteros; es un espacio de pertenencia donde apellidos y nacionalidades quedan subordinados a un vínculo eterno que permite clamar con libertad: «Abba, Padre». Este llamado a la unidad fue uno de los momentos más profundos de la noche, pues el Rev. Rubén Concepción dejó claro que la unidad no se decreta, sino que se custodia con amor: no la ausencia de tensiones nos define, sino la decisión firme de permanecer unidos.

Exhortó a la congregación a dejar atrás el orgullo y la obesidad teológica que, a veces, entorpecen la comunión, subrayando que una iglesia sana no se mide solo por cuánto predica, sino por cuánto se ama y se perdona. Al cerrar su mensaje, el Rev. Concepción invitó a vivir una compasión ministerial y fraterna, tomando la figura del Padre en la parábola del hijo pródigo para recordar que el propósito de Dios es siempre la restauración. «Dios no cancela hijos, los restaura», enfatizó, llamando a la familia de la fe a ser un hogar de brazos abiertos para quienes han tropezado en el camino. La predicación terminó con un cántico de unidad nacional e internacional, dejando en el Panama Convention Center una convicción inequívoca: el Movimiento Misionero Mundial es, sobre todo, una familia que avanza bajo la bandera del amor y la fidelidad doctrinal.

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